
Describe un paisaje físico y humano que a muchos nos resulta familiar: el de los barrios de las afueras de Zaragoza. El de Eva Puyó es un mundo obrero, poblado por familias humildes donde abundan los adolescentes desorientados y no faltan los bares, los chanchullos y los trabajos precarios. Este escenario, que parece propio de la novela costumbrista o social, está descrito por la autora con una prosa transparente, con un personalísimo sentido del humor y, a la vez, con tanta humanidad, que consigue el milagro de transformar la más inmediata cotidianeidad en alta literatura.
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